Espacios para fumar marihuana en Cali

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Hace algunos días dos auxiliares de policía me tomaron por sorpresa en el parque San Antonio, aquí en Cali, y me preguntaron por qué estaba fumando marihuana. La verdad no supe qué responderles pero afortunadamente la manera educada como les hablé, permitió que no me detuvieran. Sin embargo, me quitaron el porro y me echaron del parque.

Según un estudio publicado por el gobierno, Colombia tiene registro de unos 450.000 consumidores de marihuana. La legislación autoriza la posesión de una dosis máxima de 20 gramos de marihuana; no obstante creo que la Ley no está escrita pensado en el consumidor de hoy.

En una ciudad como Cali, donde fumar marihuana es como tener buenos amigos, qué bueno sería que se pudiesen disponer de sitios especiales o por lo menos un parque donde se fume ganja tranquilamente viendo la naturaleza sin tener que estar expuesto a problemas con la policía.

Ellos hacen su trabajo, por eso a la hora de requisar, les doy la razón cuando dicen: “los que fuman marihuana tienen que respetar los espacios públicos donde transitan adultos mayores, niños y familias”.

Pero entonces ¿dónde podemos fumar los marihuaneros?

En casa es imposible. Si algún papá se llega a enterar de que eres uno entre los 450.000 de colombianos consumidores serás encasillado de por vida como vago, marihuanero, adicto, gamín y estarás a punto de ser echado a la calle. Sin libertad para fumar, escondiéndote de la familia y los policías es cuando decides independizarte para poder fumar tus bareticos tranquilo. Sin embargo, siguen sin existir lugares públicos donde hacerlo.

A mí me toca guerrearla como un rasta y luchando para, a pesar de todos los estigmas, ser un buen periodista independiente. No obstante, cuando estás echándole cabeza a lo que conlleva ser un consumidor de marihuana, te caen dos policías a requisarte, solo porque tienes dreadlooks en el cabello.

Debo confesar que me he topado con policías que fuman y hace mucho tiempo que no conozco a nadie que nunca haya consumido marihuana. Más de la mitad de mis amigos lo hacen. Todos tienen trabajos, vidas personales, hobbies y, en general, aquello que caracteriza ‘una vida sana’; ninguno ha requerido de ayuda psiquiátrica, ni psicológica ni fármacos. Sin embargo, el tabaco y el licor, que sí se pueden fumar y tomar en un parque libremente, son legales y permitidos mientras que la yerba carga con los estigmas legales, familiares y sociales.

Entre la gente con la que yo me junto la marihuana circula libre. Claro que bien puede ser que mis círculos sean demasiado underground, pero para que la policía y el Estado lo sepa, NECESITAMOS espacios donde se respete a los consumidores, la cultura de la marihuana y la madre naturaleza. 

Columna publicada en la Revista Cartel Urbano 15/AGO/2013

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