Malicia enjundia y Zudaca boy, un colectivo de escritura con mucho flow

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El periodismo narrativo en Colombia, tiene como un gran referente con más de 25 años de existencia, el taller de periodismo literario La Palabra en la Universidad del Valle. Allí en esa sala de redacción, se conocieron Jenny Valencia y Harold Pardey, siendo seducidos por el género de la crónica, para dar cuenta del malungaje cultural de nuestro país. El escritor Edgar Collazos, maestro de ambos cronistas, nos entrega su visión crítica sobre el proyecto editorial que recientemente acaban de publicar: “Krónicas Ambulantes Malicia Zudaca”, un apasionado ejercicio de escritura en conjunto, premiado como Beca de Literatura de la convocatoria Estímulos de la Secretaría de Cultura 2017.

“Krónicas Ambulantes Malicia Zudaca” aparte de ser un bello libro es un ejemplar rebelde. Lo escribieron en una prosa insurrecta Jenny Valencia Alzate y Harold Pardey Becerra, y aunque la prosa es insurrecta no es sedicioso, y no lo es porque en este libro todo es necesario, hay una fidelidad entre los temas y el lenguaje que hace necesarias las palabras escogidas para escribirlo; son precisas para entrar en las distintas temáticas y contar las historias que abarca.

Difícil definir de qué trata “Krónicas Ambulantes Malicia Zudaca” porque en sus páginas son muchos los temas que encontramos, el libro es fiel a un antiguo precepto literario: Cada obra bien escrita conserva el carácter de su autor, y así es porque Jenny y Harold aparte de ser dos diestros cronistas son ante todo caminantes, viajeros de la América mestiza y diestros en mezclar temáticas. Eso hace que a veces utilicen un lenguaje cimarrón, otras veces un lenguaje del castellano urbano, y que en otros temas las palabras sean reclamadas por lo telúrico o por la presencia de los elementos naturales.

En su método de composición vierten los temas en un fino mortero y le dan vuelta a cada palabra hasta sacar su secreto significado. Saben de mitologías, de rituales, de selvas, del yagé, de las tribus urbanas, de cantoras y cantaoras, de mestizaje, de la Gypsy Kumbia, de la rabia de los pueblos azotados y vilipendiados por la hegemonía de la raza blanca. También saben de la galaxia y de las estrellas, de la luz que traspasa el alma de los bohemios y trasnochadores cuando las sombras de la noche se abovedan sobre la urbe y la música se aloja en los corazones. Por eso es posible decir que este libro trata sobre lo humano, sobre el cosmos, sobre el agua y sobre la tierra.

Aun así, se pueden resaltar dos capítulos sin los cuales el libro quedaría incompleto: “Canta y cura la cantaora”, escrito por Jenny; y “Gypsy Kumbia Orchestra. Fanfarria cumbiera, pa toda la galaxia macondiana”, escrito por Harold. En ellos la escritura tiene una textura más fina, es directa, no hay retórica falsa, se siente que fueron escritos desde la zona más profunda del ser de los dos escritores, que las palabras se filtraron desde el sentimiento y no desde la razón porque el sabor de la fanfarria cumbiera no precisa racionalidad como tampoco lo precisa el ritual fúnebre de las tres cantaoras vestidas de blanco, con mantas negras y brillantes, semejadas a vírgenes de la muerte.

“Krónicas Ambulantes Malicia Zudaca” merece ser leído desde el sentimiento, permitiendo que se instaure dentro del lector un tiempo subjetivo, un episodio misterioso de nuestra historia, dándole a la razón aquello que las palabras reclaman del tiempo cronológico donde aparecen las certezas de lo que es nuestro continente. 

 

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