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Artistas caleños que definieron el pulso musical en 2025

Un recorrido por los artistas que definieron el pulso musical de Cali en 2025: cifras, identidad, escena urbana y proyección global.

Cali no produce música por accidente, la produce porque históricamente ha sido una ciudad atravesada por el ritmo como forma de resistencia emocional. En 2025, mientras la industria musical global sigue concentrándose en algoritmos y fórmulas rápidas, desde Cali vi proyectos que combinaron identidad, estrategia y profundidad artística.

Esta lista no pretende ser definitiva ni objetiva, es una curaduría basada en conciertos, lanzamientos, cifras, conversación digital y observación constante. No solo miré streams; miré procesos.

Según informes de IFPI y Spotify, el crecimiento de la música latinoamericana superó el 20% global en 2025, con un aumento notable en afrobeat, música urbana y sonidos tradicionales resignificados. Cali aparece ahí no como excepción, sino como motor silencioso.

Grupo Niche demostró que la tradición no está reñida con la vigencia. Con nominaciones internacionales y público joven, reafirmaron que la salsa sigue siendo un lenguaje global. Kapo confirmó que el afrobeat colombiano ya no es promesa sino realidad comercial y cultural. Junior Zamora mostró que el R&B también puede tener acento caleño y proyección internacional cuando hay visión y disciplina.

El año también fue clave para la memoria y la raíz. Nidia Góngora llevó el Pacífico a escenarios internacionales sin diluir su mensaje, demostrando que lo ancestral puede dialogar con el mundo sin perder dignidad. En paralelo, Pirlo y Eichen consolidaron narrativas urbanas distintas, una desde el trap global, otra desde el dancehall con barrio y constancia.

El freestyle tuvo un punto de quiebre con Fat N, pura juventud, entrenamiento y victoria internacional. Y la escena afro-electrónica encontró sostén en gestores como Wins y propuestas como Just Watermelon, que entienden la música como experiencia, no solo como consumo.

El problema no es el talento, porque Cali siempre lo tuvo. El reto ha sido la visibilidad, la sostenibilidad y el apoyo estructural. La solución pasa por escuchar, documentar, asistir a eventos y construir públicos críticos. Cuando una ciudad cuida a sus artistas, también se cuida a sí misma.

El beneficio a futuro para la ciudad es clar:o más identidad, más economía cultural, más relatos propios. Cali no solo suena, Cali deja huella.