Mié. Feb 21st, 2024

Debe haber una manera de poder abrir más el mercado para el emprendedor que trabaja en la “industria” cultural y vive de la fotografía, relaciones públicas, contenidos, comunicados, redes sociales, publicidad, diseño, etcétera.

Hace años me tiré de cabeza a emprender ofreciendo servicios de comunicación y haciendo periodismo cultural, hoy ya son 2.000 días batallando, tratando de posicionar lo que hago en una ciudad que arde.

Bizarromesa.com al ser un medio de comunicación independiente, ha estado rodeado de emprendedores que pertenecen al sector cultural y creativo, y en estos años de ires y venires he podido observar que muchos seguimos remando, casi en las mismas circunstancias; con más preguntas que soluciones y más dificultades que facilidades.

Ser emprendedor en Colombia o ser empresario, no es cosa fácil. No es algo que se logre de la noche a la mañana y menos el sector artístico y cultural donde la informalidad es la reina de los contratos.

Muchos no estamos organizados legalmente, trabajamos de manera freelance, gran cantidad de trabajos lo hacemos confiando más en la palabra que en una firma y pocos tienen formalidad y respeto hacia el otro.

No obstante, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) las actividades relacionadas con cultura y creatividad en Colombia, aportan anualmente entre 3,3% y 3,5% del PIB nacional. Dicha industria es responsable de cerca de 800.000 empleos entre directos e indirectos.

Para tener dimensión del aporte que los artistas le hacemos al país, en el año 2014 el valor agregado de las empresas y organizaciones del sector cultural alcanzó $6,4 billones, una suma bastante importante.

Pero entonces ¿cuándo es que llega la estabilidad económica a la puerta del emprendedor? Esa estabilidad que le da a uno para pagar arriendo, salud, pensión, ARL, servicios públicos, sueldos, hacerle una invitación a una chica linda e ir creciendo intelectual y personalmente como artista.

Por ejemplo, para este medio de comunicación ha sido difícil monetizar, conseguir clientes constantes o patrocinadores, y todo se debe al nicho, pues la mayoría de artistas cargamos con un estigma. No tenemos plata.

Quizás por eso muchas cosas las tenemos que hacer con las uñas, además la empresa privada poco mete el hombro por estos lados y la mayoría de críticas las asume la Secretaría de Cultura, mientras tanto, el público sigue creyendo que arte y cultura en nuestra ciudad, es fútbol, salsa y cine.

Y no debería ser así. Tantas empresas importantes que hay en Cali como Colombina, Colgate, Baterías MAC, Jaramillo Mora, Postobón, Bavaria, Cámara de Comercio, entre muchas otras, y uno no los ve patrocinando eventos de teatro, danza, literatura, periodismo, pintura o otro tipo de expresiones culturales que no giren entorno al Petronio Álvarez o la Feria de Cali.

¿Si captan?

Debe haber una manera de poder abrir más el mercado para aquellos que trabajamos en la “industria” cultural y vivimos de la fotografía, relaciones públicas, contenidos, comunicados, redes sociales, publicidad, diseño, en fin. Hay un mercado detrás del tema cultural pero con un desorden increíble, sin embargo, ahí vamos…

¿Ser o no ser emprendedor cultural en Cali? Esa es la cuestión.

No quisiera terminar este recital sin decir que hay cosas muy buenas y bonitas de ser emprendedor, como manejar tu tiempo, darle vida tus ideas, explotar tu creatividad y sentido de supervivencia al máximo, pero hay una realidad que lo pone a uno contra la pared: las cuentas y el dinero como un medio para lograr objetivos. 


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