Mar. Abr 16th, 2024

Más de 800 metros cuadrados de la comunidad Ramalí, ubicada al norte de Cali, pasarón de ser edificios con muros blancos y ventanas para divisar el río Cauca, a murales permanentes llenos de expresión, color, naturaleza y significado.

Pintar los muros de la urbanización Ramalí que colinda con el Jarillón del río Cauca y que sostiene los sueños de vivienda de muchas familias relocalizadas que viven un proceso de adaptación y de desarrollo comunitario, es un reto, sobre todo cuando el objetivo no es pintar sino transformar, inspirar y convertir el espacio, en una galería de arte urbano al aire libre.

Es por eso que cinco artistas caleños (Iván Salazar, Antonia Otoya, Andrés Pedroza “Letop”, Constanza Rodríguez “Cora” y Eliana Zapata “Rito sin sermones”), bajo el sol de la sucursal, con varias grúas, sin miedo a las alturas , una enorme actitud y usando muchos litros de pintura junto a diferentes estilos gráfico, le regalaron a las familias de Ramalí, una exposición de arte urbano de gran formato, donde cualquier ciudadano podrá contemplar e interpretar estas “viviendas-obras”. 

La intervención artística, promovida por la Fundación Culata Arte e Investigación y el Plan Jarillón de Cali, está pensada para todos los caleños y especialmente para los habitantes de Ramalí, quienes experimentan diferentes problemáticas sociales y desafíos día a día. 

En estas viviendas, que hacen parte del programa de reubicación del Plan Jarillón de Cali, desde el 2015 han sido relocalizadas por la Administración Municipal 200 familias que vivían en condiciones de riesgo en diferentes asentamientos informales en el Jarillón del río Cauca y que ahora cuentan con mejores condiciones habitacionales, huertas urbanas, jardines y programas de acompañamiento social.

Foto | Cortesía Fundación Culata.

En un primer momento muchos de los habitantes de Ramalí se mostraron escépticos ante la intervención “muro al barrio” en sus torres, pero cuando empezaron a ver dimensión, el color, los personajes e historias, empezaron a emocionarse, a acompañar el proceso gráfico con propiedad, “está muy chévere el mural de mi torre”, a dejarse sorprender por los artistas, sentirse orgullosos y a convertir el ambiente comunitario en algo festivo. Y es que sus viviendas no pasarán desapercibidas por ninguna mirada que llegue al sector.

Iván Salazar, artista y director de la Fundación Culata, está desarrollando en la intervención de Ramalí, un muro inspirado en la fotografía y la nostalgia. Se trata de una pintura a partir del retrato de “don Floro”, un habitante de Cali que vivía en el Jarillón y fue relocalizado.

Antonia Otoya, artista caleña, con el mural a su cargo, nos regala una pintura para la reflexión más allá de lo evidente. En su obra, representa un huerto urbano donde no solo se dan alimentos y plantas que nutren a la comunidad sino que también es un huerto que da como frutos, arte urbano.

Otro de los murales de esta galería a cielo abierto es una creación en conjunto de las artistas Cora y Rito sin sermones, quienes empatizan en su proceso creativo con el ser migrante a través de dos personajes que representan los tipos de miradas frente a este contexto, una ligera que habla del devenir y otra cargada con un poco de nostalgia.

Así mismo Letop, otro de los artistas y gestor de la Fundación Culata, se inspiró para su mural en Ramalí, en las selvas del pacífico y los bosques del Valle, representando los huertos urbanos a través de un animal muy conocido por todos, como es el armadillo, que con su caparazón representa una matera, para comunicar de esta forma un espacio en común en donde podemos hacer crecer nuestras plantas, nuestra naturaleza y nuestra energía interior.

Foto | Cortesía Fundación Culata.

Cabe decir que en ciudades como Roma, Detroit, Málaga, Buenos Aires, Río de Janeiro, Bogotá, entre otras, se han realizado experiencias de arte urbano en lugares habitacionales de gran formato. Estas intervenciones han aportado a la resignificación de los espacios, dando una nueva apariencia visual a sectores que generalmente han sido estigmatizados como zonas inseguras o deprimidas.

Por eso desde ahora, muchas familias de Ramalí abrirán sus ventanas y descubrirán, además del río Cauca y la naturaleza a su alrededor, que ellos también hacen parte de una transformación cultural, de una galería de arte urbano a cielo abierto que le da un nuevo aspecto a su vivienda y que ahora es parte de su cotidianeidad.


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